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viernes, 12 de agosto de 2011

Ensayo sobre la lucidez, José Saramago.

 El argumento: ¿Cuál sería el comportamiento correcto de un equipo de gobierno si en unas elecciones se obtuvieran un 80 por ciento de votos en blanco? ¿Y si se repitiesen las elecciones y en segunda vuelta se obtuviese todavía un porcentaje mayor de votos en blanco? Este es el punto de partida de esta inquietante historia. ¿Quién tiene la culpa de que toda la población de una gran ciudad decida voluntaria y espontáneamente votar en blanco?

Mi opinión: La opinión que me merece este libro va a ser algo ambigua, porque si bien es muy interesante a primera vista el tema, sobre todo en la situación que estamos viviendo en España actualmente, con los primeros pasos de una posible revolución contra los políticos “de toda la vida” tomando las calles; a la hora de desarrollarse el libro he encontrado trabas en tantos reveses del lenguaje y tanto vocabulario del que hace gala el autor del texto.

No me voy a explayar mucho en este comentario, porque me ha parecido algo decepcionante el final con el que me he topado, pero antes de escribir mi propia crítica he querido leer algunas de otras personas en otras páginas y he descubierto que a otras personas les ha pasado lo mismo, nos hemos quedado boquiabiertos con el final y sobre todo con la sensación de que faltan páginas o que nos están tomando el pelo.
Una vez leída la primera parte “Ensayo sobre la ceguera” que me gustó mucho, esperaba mucho más de esta segunda parte, sobre todo esperaba respuestas: ¿por qué se quedaron ciegos? ¿por qué todos menos una? Y ya trasladándonos a esta historia, añadiríamos nuevas cuestiones a la lista: ¿por qué todos votan en blanco, responde a una conspiración o es casualidad?
Comparte con su primera parte la curiosidad de no tener apenas nombres propios, de hecho creo recordar que el único nombre propio de todo el libro es el del perro, que ya aparecía en Ensayo sobre la ceguera. Incluso los partidos politicos están identificados como Partido de la Izquierda, Partido del Centro y Partido de la derecha. Y los personajes “heredados” del otro libro siguen siendo identificados como, el médico, la mujer del médico, la exprostituta o chica de las gafas oscuras, el hombre de la venda o el tuerto, etc.
Teniendo en cuenta la manía que le tengo a los finales abiertos o ambiguos, no me queda más remedio que ser elemental en mis conclusiones y no valorar este libro con una nota muy alta, así que espero que si algún admirador de Saramago pasa por el blog y lee este texto, no sienta la imperiosa necesidad de crucificarme en los comentarios y en lugar de eso, decida comentar cortésmente por qué estoy equivocada al decir que este libro me parece mal rematado.