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Un lugar a dónde ir, María Oruña.

lunes, 31 de agosto de 2015

Doctor Sueño, Stephen King.


Argumento: Han pasado muchos años, pero Danny Torrance no consigue olvidar todo lo que vivió en aquel lejano y tenebroso invierno aislados en la cima de una montaña nevada y encerrados en el Hotel Overlook. Ahora Danny es un adulto que no consigue encarrilar su vida, que cometió algunos de los mismos errores de su padre que juró que jamás cometería y por eso no tiene un lugar fijo donde vivir más que unos pocos meses, el alcoholismo que sufre hace que cambie de residencia cada vez que se queda sin trabajo. 
Así es como va a dar con sus huesos a un pueblo donde, nada más llegar, siente que está viviendo su última oportunidad de recuperación. Y pronto, muy pronto, otras personas necesitarán de su ayuda para cruzar el umbral hacia el otro lado o para defenderse de aquellos que aún pareciendo humanos ya casi no lo son, y se alimentan del poder que las personas como Danny poseen de manera innata. 

Mi opinión: No podía ser de otra manera mi reentrada en el mundo de la lectura voraz que no fuese haciendo un homenaje a mi querido escritor fetiche, Stephen King; me tomé un tiempo para releerme "El Resplandor" porque ya casi ni recordaba cómo era y necesitaba sacarme de la cabeza la terrible versión cinematográfica, sobre todo por el doblaje en español, y me he vuelto a sorprender como ya lo hice en su día, en que el libro no se parece mucho a la dichosa película.
Este segundo libro, con la primera parte recién leída se entiende mucho mejor y se lee de carrerilla. El señor King sigue siendo el fantástico escritor de terror al que tantas alabanzas he dedicado. La trama está bien traída, otra vez el escritor se saca de la manga a seres malignos, los miembros del Nudo, que son los protagonistas de la parte "mala" que, guiados por la mujer de la chistera, son capaces de cometer atrocidades con tal de mantenerse con vida. En el otro lado de la balanza están las personas como Danny Torrance y Abra Stone, que han nacido con "el resplandor", relucen con su poder de manejarse por las entretelas de las mentes y los mundos. 
Me parece muy adecuado que el trabajo de Danny Torrance en la nueva vida que emprende tras dejar definitivamente el alcohol consista en ayudar a enfermos terminales y ancianos de una residencia a cruzar hacia el otro lado, me parece una manera épica y preciosa de usar un poder que ya en el primer libro le hizo sufrir. 
Hay varias alusiones al primer libro, por lo que no estoy segura de que un lector que acometa este libro sin haber leído el primero llegue a enterarse al 100% de la trama del mismo.
No he sido nunca partidaria de las series, porque pienso que siempre hay un capítulo que flojea y afea a los de antes y después, pero en este caso este segundo libro e, imagino, que final de la historia, lo encuentro una muy digna continuación del mítico El Resplandor.
¿Pegas o cosas que no me hayan gustado? prácticamente ninguna, quizá el que fallezca la abuela de Abra, según se estaban desarrollando los hechos, yo estaba imaginando un papel más protagonista para ella al final de la historia, pero el señor King decidió que era necesario sacrificar al personaje y como yo soy también una escritora que gusta de matar a mis personajes, no debo cuestionar las decisiones de ningún otro autor. 

domingo, 30 de agosto de 2015

2 años, 1 mes y dos días.

Dos años, un mes y dos días. Esa ha sido la duración de mi larguísima ausencia. La verdad es que cuando escribí la última entrada, en la que me despedía, no pensaba tardar tantísimo en, y mucho menos pensaba estar dándole el pecho a mi hija durante dos años y medio. 
Vayamos por partes. Mi preciosa hija tiene dos años y medio y un par de meses y ¡¡por fin!! ha dejado de mamar, ha dejado de usar pañales y yo empiezo a tener tiempo para leer. 
Durante estos 25 meses de ausencia me he dedicado a ser mamá, aún no he vuelto a trabajar; mi contrato de trabajo acabó durante el embarazo y como pensaba dedicarle tiempo a la crianza de mi preciosa bebé, no he intentado aún encontrar otro puesto de trabajo.
El motivo de que hay vuelto a leer como la máquina devoradora de páginas que he sido durante tantos años ha sido el interrumpir definitivamente la lactancia materna. 
Patricia es una niña muy absorbente, supongo que todos los bebés/niños lo son, pero yo no había tratado con otras criaturas hasta ser mamá de mi propio bebé y todo me pilló de novata recalcitrante. 
Con mi hija en brazos, sea tomando pecho o intentando dormirla sin dárselo era imposible, absolutamente imposible leer. A ella le leo desde hace más o menos un año, pero siempre cuentos cortos, porque con los largos se aburre y se dispersa con facilidad.
Al terminar la lactancia de un día para otro, mi hija, mi bebé, que no sabía dormirse si no era con una teta en la boca, tuvo que aprender a calmarse, relajarse y conciliar el sueño, y ¿sabéis qué se me ocurrió? sentarme a oscuras, con una pequeña lamparita de un solitario led, en los pies de su cama y leer en silencio novelas, vorazmente, rebajando con velocidad la pila de libros que durante meses me habían estado esperando.
La cuestión es que llevo como un mes con este nuevo ritual nocturno y he leído unos buenos cuantos libros durante estas pocas semanas y me está apeteciendo otra vez escribir reseñas, mi opinión vaya... y he pensado que por qué no sacar las telarañas de mi abandonado blog, abrir las ventanas para que entre la luz del día y retomar mi misión de comentadora de historias de otros, mientras espero a que las musas acudan a mi y me den su beneplácito para acabar el manuscrito que tengo empezado desde antes del embarazo y que a la sazón lleva ya la friolera de tres años abandonado. 
Durante los próximos días iré publicando las reseñas de los libros que he leído durante este maravilloso mes que ha significado mi reencuentro con la lectura y espero ponerme pronto al día. 
A todos los que habéis esperado pacientemente noticias mías, a todos los nuevos que lleguen hasta aquí, a los que están por llegar y a los que pasen por aquí de refilón y salgan huyendo al leer mis reseñas: gracias por existir. La de la foto es la culpable de que yo haya estado dos años sin leer un libro.
Un abrazo, Ana.