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viernes, 8 de diciembre de 2017

Lo que un día fue amor, Mona Camuari.

El argumento: La vida deja de tener sentido para Margaret Oakland cuando acepta casarse con quien ha pagado las deudas de su familia, a pesar de que lo aborrezca como al culpable de haberla obligado a renunciar al que siempre ha amado...
Y cuando este, Richard Ryvers, reaparece en su vida, el deber duele más todavía, hasta el punto de romper lo irrompible: su matrimonio.
¿Querrá Edward, su marido, renunciar a ella, o luchará por retenerla y enamorarla de él cueste lo que cueste?
En una realidad donde pocas cosas son lo que parecen, ¿resistirá Margaret a los encantos de su esposo, o seguirá luchando por que Richard, el que le había robado el corazón en el pasado, vuelva a formar parte de su vida?

Mi opinión: Empiezo por decir que no suelo leer romántica por pereza, no sé explicarlo de otra manera, pero la literatura romántica me produce pereza, es decir, nunca me apetece leerla. 
La historia empieza cuando Margaret todavía es una niña y está enamorada platónicamente del hijo de su madrina, el muchacho, que le saca algunos años, ya casi se aburre al tener que cuidar de la cría porque él es ya un adolescente y le fastidia hacer de niñera. 
Pasa el tiempo y Margaret nota que cada vez que regresa a visitar a su madrina, Richard nunca está... es como si siempre estuviera ocupado y nunca está en casa. Así pasan algunos años y pasan los cambios habituales en una vida, por muy desagradables que puedan ser: fallece la madre de Margaret, su padre vuelve a casarse con una mujer que dilapida su fortuna alegremente y ella crece hasta convertirse en una joven hermosa y a la que no le faltan pretendientes, y a los que rechaza sin pena ninguna porque muy en el fondo de su corazón todavía habita ese amor ¿platónico? por el hijo de su madrina, al que no ha vuelto a ver desde los 11 años. 
Un día, su padre llega a casa y le presenta a un hombre, en un momento en que les deja "oportunamente" a solas, este hombre le comunica que es su prometido y que su padre ha concertado su matrimonio para dentro de poco tiempo. Ella se ofende muchísimo, como es normal, pero él le baja los humos cuando le dice que su padre está gravemente enfermo, que le queda poco de vida y que debido al despilfarro de la fortuna que ha causado la gestión de su madrastra, ya no tienen patrimonio. Él se hace cargo de las deudas, pero a cambio, se casará con ella. 
Margaret se casa con el muchacho, al que ignora deliberadamente, pocos días antes del fallecimiento de su padre y como no quiere saber nada de su esposo, ni siquiera llegan a consumar el matrimonio. Y así van pasando los días en la vida de Margaret Oakland, encerrada en su vida de mujer casada con un hombre al que no ama y al que no muestra interés alguno en conocer.
 Y empieza todo a enredarse, porque todo libro ha de tener un nudo, porque si no no habría lugar para un desenlace y sería un aburrimiento esto de leer y escribir. Y la historia aunque no llegue a animarse hasta ser una fiesta de sucesos unos tras otros, sí que le da un cierto toque emocionante. 
No ha sido esta historia la que me despierte de la sensación de pereza que me produce la literatura romántica, pero he de reconocer que el lenguaje es apropiado a la época en la que está ambientada la historia, detalle que se agradece. Las descripiciones de la protagonista me recuerdan al modo sibilino y pasteloso de Danielle Steel, autora a la que detesto, pero me gusta más Mona que Danielle, por favor. 
La historia en sí no tiene gran misterio, es amena, entretenida y os durará un ratillo, pues tampoco es muy extensa, pero lo cierto es que para pasar un rato agradable bien nos vale. 
Dejo por aquí el enlace a una pequeña biografía de Mona Camuari y la recomiendo para aquellos lectores aficionados a la romántica, a la estética de los años mil ochocientos y pico y para todos aquellos que gusten de dar una oportunidad a una autora autopublicada.

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