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lunes, 20 de marzo de 2017

Quien pierde paga, Stephen King.

El argumento: "Despierte, genio."Así comienza la fascinante nueva novela de Stephen King sobre un lector fanático. El genio es John Rothstein, autor de culto y creador del personaje de Jimmy Gold. Morris Bellamy está fuera de sí no solo porque Rothstein haya dejado de escribir, sino también porque considera que el incorformista Jimmy Gold se ha vendido para dedicarse a la publicidad. Morris decide matar a Rothstein y vaciar su caja fuerte para llevarse un verdadero tesoro además del dinero: los cuadernos de notas de otra novela protagonizada por Jimmy Gold. Morris logra esconderlo todo antes de acabar en la cárcer por otro crimen terrorífico. Décadas más tarde, un chico llamado Pete Saubers encuentra el tesoro, y ahora son él y su familia a quienes han de salvar Bill Hodges, Holly Gibney y Jerome Robinson del vengativo y trastornado Morris cuando salga de la cárcel tras 35 años (texto de las portadillas). 

Mi opinión: Atención, esta entrada del blog puede contener espoilers, es un aviso por si aún no has leído este libro. 
Esta novela se presenta como la secuela de Mr Mercedes, pero puede leerse independientemente puesto que hace muy leves referencias al volumen anterior y a que la aparición de los personajes de Holly, Bill y Jerome es muy superficial. 
Según la sinopsis, Bill Hodges, Holly Gibney y Jerome Robinson han de resolver el problema de Pete Saubers, pero leyendo el libro he notado que Pete es perfectamente capaz de librarse de un asesino a sangre fría que lleva a varias víctimas a su cargo. 
El principio de la novela es impactante, cuando Morris y sus cómplices despiertan a John Rothstein con la intención de robarle los manuscritos y también el dinero, aunque a Morris la pasta es lo que menos le importa, se te pone la carne de gallina y vemos al más auténtico Stephen King en su manera de narrar con pelos y señales cada detalle de la escena. 
Pasan los años y mientras Morris está en la cárcel por otro delito que tendrás que descubrir leyendo el libro; Pete Saubers, un adolescente de aproximadamente 13 años, descubre sin querer el escondite donde Morris escondió todas las pruebas de aquel robo y asesinato, su familia está pasando por un momento terrible: la relación entre sus padres está a un hilo de romperse y su hermana Tina, unos años menor que él, está afectada por las continuas peleas y reproches de los que son testigos a diario ambos chicos. Su padre resultó afectado por el atropello del Mercedes en la feria de empleo y está tardando tanto en recuperarse que el nivel económico de la familia está cayendo a mínimos porque no puede volver a trabajar todavía y la madre aunque hace todo lo que puede, también está cansada de soportar todo el peso de la responsabilidad sobre sus espaldas. 
Pete decide hacer algo que, por una parte le honra y por otra te lleva a pensar en qué harías tú en la misma situación. Pete decide enviar periódicamente y de forma anónima el dinero a su familia en porciones iguales. Esta ayuda, este pequeño milagro anónimo hará que la presión que sus padres sienten por el peso de sus cargas se relaje y así se logre salvar la unión familiar. Pero todo lo que empieza ha de terminar y cuando pasados unos años el dinero se acaba, Pete intentará vender los manuscritos de Rothstein -de quién es un acérrimo fan- a un coleccionista privado que esté dispuesto a pagar mucho y a hacer pocas preguntas, para ello acudirá a la tienda de Andrew Halliday, antiguo amigo de Bellamy y que reconoce los cuadernos al instante y sabe qué son y de dónde proceden, aunque no sabe dónde han estado escondidos todos estos años. 
Y justo cuando Pete no podía tener más problemas, pues Halliday se descubre como un usurero que le intenta chantajear, Morris Bellamy sale de la cárcel con la libertad condicional y una única idea rondando su cabeza después de 35 años de espera... conseguir los cuadernos de John Rothstein y leerlos. 
Como dije al principio de la opinión, creo que si King hubiera seguido la historia sin introducir a Bill, Holly y Jerome también hubiera quedado redonda, puesto que la mayor parte de su aparición en la novela se reduce a perseguir a Pete por toda la ciudad, que a su vez va huyendo de Morris Bellamy. 
Como toque mágico final, el autor ha introducido de nuevo a Brady Hartsfield, que despertó del coma en las últimas páginas de la novela anterior y que permanece en estado vegetativo o no... Bill tiene la costumbre de visitarlo periódicamente sólo por estar seguro de que no se producen cambios en su estado, pero pronto empiezan los rumores de que en la zona cercana a la habitación de Hartsfield empiezan a moverse y a caer cosas de manera inexplicable. ¿Será que al reiniciarse el cerebro de Brady tras los golpes de la cachiporra que le dio Holly algo se ha activado en su interior y ahora tiene una suerte de telequinesia? 
Tendremos que esperar a la tercera entrega para ver cómo Stephen King desenreda y desarrolla este y otros cabos sueltos que quedan entre los dos libros ya publicados.

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