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sábado, 21 de agosto de 2010

Desinspirada.

Desde hace unos días tengo problemas de concentración. Me cuesta retener lo que estoy leyendo y centrarme en la historia, empaparme y meterme dentro de ella; además, hace casi un mes que dejé de escribir, abandonando mi nuevo manuscrito a la altura y peso de unos 80 folios. Estaba lanzadísima, escribía a cualquier hora y en cualquier momento y de repente, ¡zas! Se esfumó.
Quizás ha llegado el momento de tomarme un tiempo de relax y dejar de leer durante un par de meses, para asimilar todo lo que he leído en poquísimo tiempo; porque yo soy una “sprinter” en la lectura, aunque eso no quiere decir ni mucho menos, que no me entere de lo que leo. Tengo una capacidad para adentrarme en la lectura, para abstraerme del mundo y sus ruidos y vivir dentro de los libros que me ha traído más de una discusión, por ejemplo, con mi madre. A ella le gusta hablar conmigo, como a cualquier padre o madre con sus hijos, pero yo cuando estoy leyendo y concentrada, me abstraigo de tal manera que aunque me hablen, o me llamen por mi nombre, no estoy... y esto me ha pasado desde que puedo recordarme con un libro entre las manos, a no ser que me des una voz bien alta o me toques... como si no estuviera. A mi madre particularmente le molesta que me pase esto, ella decía (cuando vivíamos en la misma casa, porque ahora vivimos en sitios distintos y no suele verme leer) que cuando tengo un libro en mis manos soy como un mueble, que no atiende a razones, que no respondo por mi nombre. Menos mal que a mi pareja no le molesta que me pase esto, porque comprende que estoy disfrutando soberanamente aunque esté más quieta que una planta. Cuando escribo me pasa exactamente lo mismo, no hay horas, no pasa el tiempo, estoy absorta.
He leído muchos libros en pocos meses, he disfrutado mucho de casi todos ellos y de cada uno he aprendido lo que ha tenido a bien enseñarme el escritor/a, desde técnicas y trucos en narración, hasta cosas que no funcionan, la experiencia con el señor Moccia me ha espantado mucho, jejeje, pero sé que no tengo razón absoluta y que es más fácil que sea yo quién esté equivocada que los millones de personas que compran sus libros.
El problema de tomarme un descanso es que no sé qué demonios voy a hacer en mi tiempo de ocio si no leo; no me gustan los videojuegos, ya salgo a pasear varios kilómetros a diario con mi perra y tampoco es plan de hacer un surco en el suelo de tanto pasear, ¿no?, la televisión da bastante asco a casi todas horas, entre que es verano y dan una programación terrible y que cuando no es verano ya es bastante telebasura, nada más falta que me autoimponga el castigo y la penitencia de ponerme a mirarla a todas horas. No me gusta el deporte, me da muchísima pereza, estoy en paro, así que tengo tiempo para aburrir, y he echado currículums también para aburrir, así que ya no sé que hacer. Si al menos dispusiera de dinero a espuertas como para poder hacer lo que me viniese de gusto... pero es que lo que me viene de gusto es leer y he dicho que quiero (debo) tomarme una pausa para descansar el coco de tanto absorber información. No me gusta viajar, soy tan casera, tan casi territorial que necesito al finalizar el día, por tarde que sea, por largo que el día haya sido, volver a dormir a casa. No es por mi cama, que no tiene nada más ni menos que cualquier otra, es porque es mi territorio, mi templo, es el único lugar donde poder sentirme libre. La república independiente de mi casa, como dicen esos del anuncio de cuya marca aunque me acuerdo no me da la gana hacerle publicidad.
Tengo una manera de vivir y unos principios tan sencillos que mucha gente se asombraría de que se pueda vivir tan a la propia bola de uno/a. Sólo se necesita sentirse satisfecho con lo que uno/a tiene, no es que no tenga aspiraciones, ¡claro que las tengo! Quiero hacer algo de una vez por todas con mis textos, ir al registro de una vez y dejar de dejarme vencer voluntariamente por la pereza, buscar la manera de editar y publicar, y a ver si voy vendiendo algo, tal y como está el panorama laboral, cualquier ingreso que entre en casa, aunque sea algo tan inconstante y poco previsible como la venta de libros, bienvenido será.
¿Qué pasará con el blog si dejo de leer durante un tiempo? La idea no es abandonarlo, por supuesto. Un blog es un compromiso con uno mismo y algo que me fastidia es toparme con un blog que lleva meses (y hasta años) sin actualizarse -hombre/mujer, ya que lo dejas, déjalo del todo y bórralo, no dejes eso ahí estorbando- ¿para qué sirve tener un blog si no se escribe en él, o se cuelgan fotos, o lo que sea? Por si alguien no lo ha notado, soy bastante enemiga de colgar fotos mías. No es por complejo ni de guapa ni de fea, es que considero que el escritor debe vender historias, no belleza, que la cara, mi cara, nuestras caras, pertenecen al campo de la vida privada, la parte que no se cuenta en los libros y en la que no quiero intrusos. Tener una cara conocida puede ser un problema, la primera vez que alguien me reconozca en la calle/tren/súper o donde sea, me dará una vergüenza terrible, que ya me conozco, llevo 30 años conviviendo conmigo y sé lo insoportable que me puedo volver. Me gusta escribir historias, pero la mía es mía y esa sólo la comparto con quien yo quiero.
Bueno, mientras me tomo mi tiempo para leer el libro de Antonio Gala con la delicadeza que se merece, pensaré qué voy a hacer luego, si me tomo una pausa, o sigo adelante con el proyecto. Todo esto se arreglaría si dejase de tener problemas de concentración, que me está fastidiando mucho esto.

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