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viernes, 4 de septiembre de 2015

María Chapdelaine, Louis Hémon.


Argumento: En la comarca de Québec, en Canadá, las tierras son duras de labrar porque están heladas la mayor parte del año, los veranos breves e intensos y la primavera y el otoño casi un espejismo entre dos extremos, el frío y el calor. Los colonos franceses han ido haciendo suyo el terreno a base de aprovechar el breve verano para arrancar árboles y convertir el suelo de la selva en tierra de labranza. Las aldeas no son más que unas pocas casas agrupadas, y algunos, los más valientes, viven alejados de todo núcleo urbano, como queriendo vivir más cuerpo a cuerpo la lucha contra la naturaleza en la batalla por hacer retroceder la selva. La familia Chapdelaine, con sus seis hijos, son unas de esas familias de valientes.

Mi opinión: Queriendo hacer una pausa en la colección de novelas policíacas me dispuse a leer este librillo viejo, casi desencuadernado y amarillento que encontré por casa, en uno de esos lotes de libros que, de vez en cuando, me trae mi suegro y que saca de sabe Dios dónde. Me atrajo el nombre del libro y allá que me fuí....
La protagonista de esta pequeña novela no es María, la segunda hija de Samuel y Laura Chapdelaine, el auténtico protagonista es el frío, y comparte trono con la nieve y el invierno. María no es más que una víctima de las circunstancias.
Pongámonos en situación: el tío Chapdelaine (el autor -o quizá el traductor del original en francés- se refiere a los padres de familia como el tío y la tía Chapdelaine) durante los años de su matrimonio ha sido propietario de hasta cuatro fincas en las que ha trabajado duramente por hacer retroceder al bosque y ganarle tierras para cultivo, primero en solitario y luego acompañado en las duras tareas por sus hijos mayores conforme fueron creciendo. Pero de todas estas fincas se fue "hartando", cuando por fin parecía que la casita que habían construido con sus propios medios era lo suficientemente confortable, cuando parecía que por fin tenían un mínimo de comodidad para ellos, sus hijos y hasta para sus bestias, sentía una inexplicable desazón... un hartazgo, un hastío, unas ganas de cambiar de sitio que hacían que él, su esposa y toda su prole se mudaran a otro sitio -siempre más hacia el norte, más al frío- y comenzaran de nuevo. 
Y es en una de estas cuando, con los niños ya crecidos, los dos varones mayores trabajando en serrerías durante meses fuera de su casa y María, la segunda, ya convertida en una mocita casadera, cuando comienza la historia. Se hace referencia a que María regresa de haber estado un tiempo de viaje en casa de unos familiares en un núcleo urbano más grande que lo que les rodea y regresa tan encantada, que se da cuenta de que su vida es triste, solitaria y sombría, allí en medio del bosque, aislados durante meses de todos, sin tan siquiera poder ir a misa cada domingo.
Pero María también tiene otro motivo para que su casa se le haya quedado pequeña, en la ciudad en la que ha estado durante su visita a los familiares, se ha reencontrado con un amigo de la infancia que, como ella, ya no es tan niño y se ha producido un flechazo a la antigua usanza, de aquellos de los que constaban básicamente con mirarse a los ojos de refilón pretendiendo que nadie se diera cuenta. 
Y como María es una moza hermosa y casi misteriosa por estar tan alejada del poblado, de repente se encuentra con que tiene varios pretendientes sobre la mesa y se ve en la tesitura de escoger entre el elegido de su puro corazón; el muchacho viajado, que regresa por vacaciones a ver su familia pero que le promete llevarla a Estados Unidos si se casa con él y el vecino de toda la vida, que ha comprado sus propias tierras cerca de la finca de su padre y que propone construirle una casa a su gusto.
Todo se precipita durante un invierno en que, intentando cumplir una promesa, Francisco Paradis, el pretendiente al que ella ama, fallece perdido en las nieves del norte al desorientarse durante una gran tormenta cuando iba a visitarla. 
Ella entra en una tristeza tan pura como el amor que sentía por el muchacho con el que apenas había intercambiado unas cuantas frases dulces y sus padres, que son muy espabilados (irónicamente hablando) para curarle el mal de amores, la llevan a hablar con el cura, que le dice que no tiene derecho a entristecer a su familia con su sufrimiento porque, al fin y al cabo, ella y Francisco no eran novios, él no había pedido a su padre el permiso para cortejarla y por tanto sólo debe considerarse como que ha perdido un amigo. Y aquí me entraron unas ganas de darle de hostias a mano abierta al cura de marras.
Y mientras la pérdida de este primer amor casto hace a María aborrecer más el frío, el invierno interminable y el aíslamiento, las palabras de un segundo pretendiente que promete llevarla a Estados Unidos, donde todo es tan diferente... hacen peso en su corazón y casi le da el sí a aceptar el compromiso. 
El amigo de toda la vida, que ve que el tren se acerca peligrosamente a la estación, entendamos que el tren es María y que se quiere ir de allí casi volando, da un paso adelante con salto mortal y pirueta y le declara su amor, aunque María casi ni le quiere escuchar, porque es algo que ella sabe de toda la vida, pero que es más fácil hacer ver como que no lo sabe.
Para rizar el rizo, la tía Chapdelaine, su madre, enferma de... de qué? no se sabe, el rudimientario médico no sabe qué tiene, el curandero que traen para que la vea no sabe qué tiene... el cura sólo sabe que se va a morir... y, se muere en cosa de pocos días. 
El último capítulo del librito es la conciencia de María, reflexionando sobre todo lo que conoce, sobre todo lo que desconoce y sobre su familia y la ausencia y de su madre y eso la llevará a tomar la decisión definitiva sobre con quién habrá de casarse.

Leer este libro es como mirar por un agujero que conduce a otra dimensión y ver a nuestros ancestros cómo eran, de beatos, de santurrones, de obcecados.... y dan ganas de tirarse de los pelos más de una vez.

El perfil del autor en wikipedia, aquí. Esta novela ha sido llevada al cine en muchas ocasiones, aunque no he tenido el gusto de verla personalmente ninguna de las películas.

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